Fue gracioso cuando me hice mi primer tatuaje. Estaba segura que lo quería hace años, pero me lo hice cuando me separé. Ahí recién tomé el valor. Pero no fue por completo. Me lo quería tatuar porque quería que eso se terminara. Pero él me ayudó a elegir la letra y el lugar. "Esto también pasará" me tatué en la costilla. Es gracioso también el lugar que elegí. La costilla. Como si yo fuera Eva y él Adán y como si yo fuera su costilla, una parte, un resto.
No conforme con ésto me hice un segundo tatuaje, al que también me acompañaste. Esta vez sin inferir en el diseño o la ubicación, pero estando ahí en todos mis pasos. Todo era confuso en aquel entonces, pero ahora lo veo claro, quería que todo pase, pero que vos te quedes. Quería que mágicamente todo se arregle, aunque en el fondo sabía que nunca iba a volver a ser así, porque Todo Pasa, todo cambia. Me estaba olvidando porque me tatué esa frase.
Después de muchas peleas internas conmigo, con él y con el mundo, abrí los ojos. Todo había por fin pasado. Fue gracioso cuando me di cuenta de todo el tiempo que había perdido, y todo lo mal que me había sentido en vano.
Pero fue liberador cuando un día me desperté y si había pasado todo, era gracioso, ya me estaban aquejando problemas nuevos, y no tenía tiempo para acordarme de eso, ya había pasado.
Lo que no es gracioso es que si cambias todos los gracioso por triste quizás me hace llorar otra vez, pero ya no como antes, porque Esto también pasará.
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