Tenemos empatía y siempre fuimos muy respetuosas. Ninguna se desubicó nunca.
Es bizarro, es un poco raro, pero es real, y es maduro, y sobre todo es sano. No hay remordimientos, ni envidia y menos odio.
Destruimos el esquema cliché de ser eternas enemigas y lo transformamos en situaciones amenas y cómodas para todos.
Este es un regalo del feminismo, esto es sororidad, me llena el alma y me pone realmente muy feliz. Gracias-
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