jueves, 24 de septiembre de 2020

Envidodiar

 Odio los gimnasios. 

Odio eso de ir a un lugar, lleno de desconocidos y que me vean transpirar, que me vean padecer el elíptico, que me vean odiar estar ahí. Odio más todo eso si en lugar de ser desconocidos son conocidos. Le agrega un plus de malestar. 

¿Qué pensarán de mí? Esa chica que tengo en Instagram está desde antes que yo llegue, yo ya me quiero ir y ella va por la sentadilla número mil. Con razón tiene el culo que tiene y yo el culo que tengo. Por eso a ella le comentan las fotos los chicos y a mi sólo mis amigas. Uh, ahí está también el que me gusta, va a ver lo fea que soy entrenando y nunca vamos a ir a tomar una birra. Tendria que dejar de tomar alcohol. Leí en google que retiene las grasas que yo quiero perder.  Estoy pagando una luca al pedo. 1/4 de mi sueldo se va a un lugar en donde no quiero estar.

Con cara de orto sigo entrenando.  Se me ocurre hacerme un tatuaje. Elijo el brazo. Es la única parte del cuerpo que siempre tuve delgada, y espero que sea así siempre. Cuando me tatué la costilla mi ex me dijo que nunca engorde o me iba a quedar mal. Quiero que me chupe un huevo pero lo tengo en el inconsciente.  Bueno espero que no le pase lo mismo al brazo. Sigo haciendo bici. El peor de los aparatos en mi opinión. Me hace sentir incómoda, me hace doler los pies. El manubrio está húmedo, que asco. Adelante mío, en una pantalla enorme pasan un video (¿motivacional?) De una chica siendo super sexy arriba de una bici. 

¿Cómo se puede ser sexy, flaca, fuerte, tener tetas, culo y encima no transpirar? Que envidia. Otra vez.

Me doy cuenta que no estoy sola. Una bici me separa de una chica gordita, de unos 15 años. Ahora que me doy cuenta siempre está haciendo cardio. Le envidio la constancia. Yo a los 5 min me quiero bajar. Y pienso que quizás ella también envidia algo de mí, y a su vez ambas debemos /envidodiar/ a la chica de las mil sentadillas. Y me pongo a mirar a nuestro al rededor. Posters de cuerpos que no se parecen al mío,  música ensordecedora. El instructor queriéndose levantar a alguna chica que no tenga la fuerza de levantar un disco de diez kilos. Y de repente empiezo a llorar. Llorar en un gimnasio. Llorar faltando 10 minutos para entrar al trabajo. Bajo las escaleras y me dirijo al baño. Odio los gimnasios, los odio. Pero ya pagué el mes, tengo que volver mañana. Espero que nadie me haya visto. O si me vieron espero que piensen que me descompuse no sé. Todo es mas entendible que llorar por lo que estoy llorando. Me seco las lágrimas,  agarro mis cosas (Que obvio, son un montón) y me voy.

Odiaba los gimnasios pero no por sí solos. Odiaba la exigencia que tenía metida en la cabeza. La razón por la que entrenaba era ajena. Desconocía lo que era tener ganas de entrenar. Ahora las tengo. Quiero tener fuerza para hacer las posturas se yoga que más me gustan. Quiero que mis músculos tengan la capacidad de sostener mi cuerpo y así no lastimar mis huesos. Quiero sentirme poderosa. Quiero tener salud. Quiero tener energía. Quiero dejar de odiar. Porque un poquito de bronca les sigo teniendo a los gimnasios, no les voy a mentir. Pero de a poco, todo y todxs vamos cambiando. 

miércoles, 16 de septiembre de 2020

Todo mi ser se ríe (con vos)

A veces me dan ganas de llorar cuando te beso 

Pero no porque no te quiera, o esté incómoda, 

Sino porque tanta felicidad no me entra en el cuerpo, y se me escapa en forma de lágrimas. 

Lloro con una sonrisa en la cara y los cachetes colorados, mientras vos los besas, sin entender muy bien lo que me pasa. Te entiendo, yo tampoco sé.

Lo que sí sé es que al lado tuyo me siento segura, tan segura que puedo llorar, mostrarte mi vulnerabilidad, sin miedos absurdos.

Quizás si entendés, y te pasa lo mismo, no sé.  No se puede explciar con palabras

lo que se siente

en el 

alma

jueves, 10 de septiembre de 2020

No sé porqué

 Todavia no decido si me molesta, me gusta, me da miedo, o qué pero la gente elige descargarse conmigo, elige contarme sus secretos, abrir su alma, llorar una pena, contarme algo lindo a mí.  

Siempre es gente que no conozco, una chica en el subte o la señora que me compró una mochila por $50 pesos y decidió contarme el terror que vivía en su casa.

Sólo soy una chica cualquiera, y quizás por eso lo hacen, porque soy nadie, o porque tengo cara de buena, o porque siempre tengo el alma disponible.  Quizas sea porque miro a los ojos, ustedes saben que esa es la puerta del alma, y como estoy ahí parada, la abren y me dejan bucear un ratito en sus profundidades.

sábado, 5 de septiembre de 2020

Registro

 Me volví adicta a vos.

A tu cuerpo,

a tus manos.

A tus manos sobre mi cuerpo.

A tu lengua, que acaricia mis cuervas.

Me volví adicta a tu piel caliente,

a tus ojos profundos, a querer verlos todo el día 

Y a querer besarte todo el día también,  ¿Por qué no?

Me volví adicta a tener al menos una cuota de tus labios todas las semanas.

Me volví fan de tu música, 

Me gusta, no me recuerda a nadie.

También me volví fan de las oreos y del café.  Pero nunca de la chocolatada con azúcar.  Eso te lo perdono sólo porque te quiero a vos.

Me volví adicta a tu aroma, 

a cómo perfuma mis sábanas, mi cuerpo y mi vida.-