Todavia no decido si me molesta, me gusta, me da miedo, o qué pero la gente elige descargarse conmigo, elige contarme sus secretos, abrir su alma, llorar una pena, contarme algo lindo a mí.
Siempre es gente que no conozco, una chica en el subte o la señora que me compró una mochila por $50 pesos y decidió contarme el terror que vivía en su casa.
Sólo soy una chica cualquiera, y quizás por eso lo hacen, porque soy nadie, o porque tengo cara de buena, o porque siempre tengo el alma disponible. Quizas sea porque miro a los ojos, ustedes saben que esa es la puerta del alma, y como estoy ahí parada, la abren y me dejan bucear un ratito en sus profundidades.
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